Narra Anette:
Aquella noche me parecia un sueño, de repente estaba con un chico guapisimo que solo conocia de vista, no sabia que hacer, si le tiraba los tejos me iba a tomar por una salida, pero por otra parte si me quedaba callada...
GEORG: Anette, te pasa algo?
ANETTE: no nada, solo pensaba
GEORG: y que piensas
ANETTE: esto...en nada
GEORG: si quieres nos vamos al estudio
ANETTE: guay, pero antes llevame a mi casa...
NARRA GEORG
La lleve y me fui para ordenar algo mi cueva...
Miré a mi alrededor. Dios, mi cuarto no estaba precísamente limpio. Había tantas cosas en el suelo que la moqueta se había convertido en sólo un recuerdo. Tenía que hacer algo con eso. Pero me llevaría siglos. Cogí del suelo una revista porno y miré la fecha. ¿1989?. ¿Hacía tanto que no recogía?. Dios, al final tendría razón mi madre cuando decía que era como entrar en el Parque Jurásico. Escuché el ruido de algo moviéndose y me giré justo para ver cómo avanzaba a gran velocidad bajo la capa de restos orgánicos y no tan orgánicos hasta introducirse bajo la cama, de donde salió un rugido que me puso los pelos de punta. Vaya, esto toma vida propia... Pateé una lata de coca cola y cuando giró pude ver el logotipo de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Vale, era la prueba definitiva, era la hora de poner orden en todo aquello. Pero, ¿cómo hacerlo?.
Aparecí por la puerta de mi cuarto con la vaporeta cargada a la espalda y el tubo enlazado al brazo. Parecía Arnold Schwarzenegger en Terminator 2. Me coloqué el paquete en su sitio para meterme más aún en mi papel. Repasé la táctica. Rodearía al enemigo con una táctica envolvente y le empujaría al abismo. O sea, abriría la puerta del armario e iría metiendo todo a presión allí dentro. Me coloqué las gafas de esquiar y me mordí el labio. Sólo podía quedar uno de los dos, forastero. Deslicé el botón del interruptor hasta el nivel Huracán clase 3 y clavé los piés en el suelo. El torbellino se formó inmediatamente en el centro de la habitación y comenzó a girar sobre sí mismo, arrastrando todo. Los papeles, la ropa, los restos de pizza y chocolatinas, se elevaron en el aire, chocando y retorciéndose. Fuí avanzando con seguridad, dirigiendo aquella masa hacia el oscuro interior y cerré la puerta de golpe, apoyándome sobre ella para evitar que saliese de nuevo. ¡Sí!. Punto para el equipo de casa, Georg 1 - Resto del Mundo 0.
Vaya, no recordaba que la moqueta fuese roja!
sábado, 30 de enero de 2010
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